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215 AÑOS DEL ACTA SOLEMNE DE LA INDEPENDENCIA


Hoy se cumplen 215 años de la declaración solemne de la independencia de Venezuela del dominio del imperio español, «o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes».

Hoy, los venezolanos leemos con emoción extractos del Acta que nos impulsa a seguir creyendo en una Patria independiente y soberana:

"Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al Mundo que sus Provincias Unidas son y deben ser desde hoy más, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes, y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España, o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes..." (Libro de Actas del Congreso de 1811, Folio 112).

En sesión vespertina, el Congreso ordenó redactar el Acta Solemne de la Independencia de Venezuela, tarea que estuvo a manos del secretario Francisco Isnardi y del diputado por la Villa de Calabozo, Juan Germán Roscio.

Aunque en el folio 113 del Libro de Actas del Congreso leemos: "Dada en el Palacio Federal de Caracas, firmada de nuestra mano, sellada con el gran sello provisional de la Confederación, y refrendada por el Secretario del Congreso, a cinco días del mes de julio del año mil ochocientos once, el primero de nuestra independencia"; esta acta fue discutida y aprobada en la sesión del día 7 de julio y refrendada por el Ejecutivo el día 8 del mismo mes. Fue a partir de ese momento cuando los 41 diputados comenzaron a estampar sus firmas, proceso que se extendió hasta mediados de mes.

Entre los diputados que firmaron esta Acta Solemne, nueve pertenecían a la Provincia de Barinas, territorio al que para entonces estaba adscrito nuestro actual estado Apure: "Juan Antonio Rodríguez Domínguez, presidente (Diputado de Nutrias). Luis Ignacio Mendoza, vicepresidente (Diputado por la villa de Obispos)". (Libro de Actas del Congreso de 1811, Folio 113).

POR LA PROVINCIA DE BARINAS: "Juan Nepomuceno Quintana (Diputado de Achaguas), Ignacio Fernández (Diputado de Barinas), José de Sata y Busy (Diputado de San Fernando), Ignacio Briceño (Diputado de Pedraza), José Luis Cabrera (Diputado de Guanarito), Manuel Palacio (Diputado de Mijagual) y Ramón Ignacio Méndez (Diputado de Guasdualito)". (Libro de Actas del Congreso de 1811, Folio 114).

Hoy, a 215 años de aquella gesta heroica, esta solemne declaración no solo reafirma ante el mundo entero que nuestra querida Patria, Venezuela, es un país libre y soberano, sino que también nos impulsa a cumplir el sagrado deber sagrado de asumir el compromiso inquebrantable: preservar, defender y honrar la independencia que nos legaron aquellos hombres ilustres, manteniendo encendida la llama de la libertad para las futuras generaciones.

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Licdo. Manuel Ortega López

Cronista Oficial del municipio Pedro Camejo del estado Apure

cronistadepedrocamejo@gmail.com

198 AÑOS DE LA BATALLA DE CARABOBO Y 4 AÑOS DE LA ENTRADA AL PANTEÓN NACIONAL DE LOS RESTOS SIMBOLICOA DEL PRÓCER PAYAREÑO PEDRO CAMEJO, EL NEGEO PRIMERO.




Hoy se conmemoran 198 años de la batalla de Carabobo y 4 años de la entrada de la entrada al Panteón Nacional de los restos   del héroe Payareño Pedro Camejo, El Negro Primero, quien ofrendó su vidas por la independencia de Venezuela.

BATALLA DE CARABOBO


A tempranas horas del 24 de junio, desde las alturas de Buenavista, el Libertador hizo un reconocimiento de la posición realista y llegó a la conclusión de que ésta era inexpugnable por el frente y por el sur. En consecuencia, ordenó que las divisiones modificaran su marcha por la izquierda y se dirigieran al flanco derecho realista, el cual estaba descubierto; es decir, Bolívar concibió una maniobra tendiente a desbordar el ala derecha enemiga, operación ejecutada por las divisiones de Páez y Cedeño, en tanto que la división Plaza seguía por el camino hacia el centro de la posición defensiva. Al darse cuenta la Torre de la maniobra de los republicanos, ordenó al batallón Burgos que marchase al norte a ocupar la altura hacia la cual se dirigían las divisiones de Bolívar. Al llegar el Burgos al área indicada, abrió fuego contra el batallón Bravos de Apure, cabeza de la primera división, el cual después de cruzar el riachuelo de Carabobo, trataba de escalar la pendiente que lo llevaría a la parte plana de la sabana. Tan violento fue el contraataque del Burgos, que el Bravos de Apure tuvo que replegarse por dos veces. La situación cambió cuando una unidad que lo seguía, el batallón Cazadores Británicos, se enfrentó al Burgos y lo obligó a retroceder. Por su parte, los batallones Infante y Hostalrich, entraron en auxilio del Burgos, pero reorganizado el Bravos de Apure, se unió al Cazadores Británicos para reanudar el ataque, ayudado por dos compañías del batallón Tiradores. Para detener el repliegue de las unidades realistas que había producido la operación patriota, Torre envió los batallones Príncipe, Barbastro e Infante, los que lograron sostener la línea de combate, pero sólo por breve tiempo, pues el grueso de la caballería de la primera división del ejército republicano entró por el norte de la sabana. Con el fin de hacer frente a este nuevo ataque, la Torre ordenó al regimiento Húsares de Fernando VII que cargase contra la caballería patriota, pero esta unidad se retiró después de disparar sus carabinas.
Finalmente, atacados de frente por la infantería y por la derecha por la caballería, los batallones realistas optaron por la retirada. Como último recurso, la Torre le ordenó al regimiento de los Lanceros del Rey que atacara a la caballería patriota, pero esta unidad no sólo desobedeció la orden, sino que huyó ante la embestida de las fuerzas republicanas. Al entrar la batalla en su fase final, los patriotas iniciaron una tenaz persecución del ejército español, la cual fue llevada a cabo hasta Valencia. De los 4.279 efectivos que participaron en la batalla de Carabobo, los realistas perdieron dos oficiales superiores, 120 subalternos y 2.786 soldados. Por su parte, las bajas de los republicanos también fueron cuantiosas. El resto del ejército realista terminó refugiándose en Puerto Cabello.

MUERTE DEL NEGRO PRIMERO


En la grandiosa batalla de Carabobo murió heroicamente el payareño Pedro Camejo, conocido como Negro Primero. Páez en su autobiografía no los cuenta de la siguiente manera:
“El día antes de la batalla de Carabobo, que él decía que iba a ser la cisiva, arengó a sus compañeros imitando el lenguaje que me había oído usar en casos semejantes, y para infundirles valor y confianza les decía con el fervor de un musulmán, que las puertas del cielo se abrían a los patriotas que morían en el campo, pero se cerraban a los que dejaban de vivir huyendo delante del enemigo”.
El día de la batalla En medio del difícil acceso caballería a la llanura, bajo fuego nutrido del enemigo, Negro Primero al sentirse mortalmente herido, volvió las riendas de su caballo alazán también herido, para despedirse de Páez, éste pensando estaba huyendo, le gritó:
— Negro cobarde ¿por qué huyes? ¿Tienes Miedo? ¿No quedan ya enemigos?.... ¡Vuelve y hazte matar!
Al oírlo detiene su caballo y se yergue en la silla; luego arroja por tierra la ponderosa lanza, rompe con ambas manos la sangrienta casaca, y poniendo al descubierto el desnudo pecho donde sangran copiosamente dos profundas heridas, y exclama balbuciente:
— Mi general.... Vengo a decirle adiós.... porque estoy muerto.
El comandante Hugo Chávez en al programa aló presidente, programa N° 252, narrando batalla de Carabobo, dice:
“Allá donde está aquel monolito, un poco más a la derecha cayó mortalmente herido Pedro Camejo, el muchacho de San Juan de Payara, el Negro Primero”. 
Páez al ver muerto a su compañero en los pasados peligros, grita: 
— ¡A vengar a mi negro Camejo! 
Al escuchar la voz del catire, 600 compañeros de Negro primero, lo siguieron velozmente y alancearon por la espalda a los escuadrones españoles que huían espantados. Los llaneros vuelven con las lanzas coloradas, y es libre Venezuela. 
El mismo Simón Bolívar se habría lamentado al conocer la fatídica muerte, según lo atestigua Páez: “El día de la batalla, a los primeros tiros, cayó herido mortalmente, y tal noticia produjo después un profundo dolor en todo el ejército. Bolívar cuando lo supo, la consideró como una desgracia y se lamentaba de que no le hubiese sido dado presentar en Caracas aquel hombre que llamaba sin igual en la sencillez, y sobre todo, admirable en el estilo peculiar en que expresaba sus ideas”.

LOS RESTOS DE NEGRO PRIMERO EN EL PANTEÓN NACIONAL.


Desde el 24 de junio de 2015, los restos simbólicos de Pedro Camejo, reposan en el Panteón Nacional, junto a los héroes de la patria, luego que el presidente de la República, Nicolás Maduro, en nombre del pueblo venezolano, reivindicara la lucha independentista de quien diera su último aliento en la Batalla de Carabobo.
En un acto cargado de exaltación a las raíces libertarias y afrodescendientes, el Mandatario colocó al lado del Sarcófago del Libertador Simón Bolívar el cofre que simboliza al Negro Primero, que contiene tierra de su natal San Juan de Payara, estado Apure, y del campo de Carabobo, así como el cuchillo con que defendió la causa patriota.

HOY SE CUMPLEN 92 AÑOS DEL NATALICIO DE JOSÉ VICENTE ABREU, HIJO ILUSTRE DE SAN JUAN DE PAYARA.



Abreu, fue un narrador, ensayista, periodista, escritor y un poeta de convicciones revolucionarias y democráticas. Autor del libro Se llamaba SN, primer testimonio directo contra la represión durante la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez.

Jose Vicente nació en la calle lateral a la Plaza Bolívar de San Juan de Payara, en la casa donde hoy se encuentra un negocio denominado “Domingo Santo”. Sus padres fueron Gabriel Abreu y María de Jesús Rincones, quien descendía de otomacos.

Abreu vivió su infancia en San Juan de Payara y en San Fernando de Apure.

200 AÑOS DE LA BATALLA DE LAS QUESERAS DEL MEDIO.

Tal día como hoy Páez, con el payareño Negro Primero y ciento cuarenta y nueve lanceros pasa el río Arauca, los forma en tres columnas de cincuenta cada una, y se va contra el enemigo. Pablo Morillo a su vez mueve contra él todas sus fuerzas. ¡Seis mil hombres contra ciento cincuenta!

Páez, Negro Primero y los 149 se lanzaron a pelear con los realistas, unas veces los atacaban y otras apresuraban su fuga, alejando cada vez más a sus perseguidores del grueso del ejército. Cuando Páez vio que toda la caballería realista formaba un solo cuerpo y que en el ardor de la persecución había dejado atrás a los fusileros, grita a sus hombres:

—Vuelvan caras.

Al oír el grito de mando, Negro Primero y sus compañeros obedecieron, detuvieron los caballos para volver caras. El ademán del negro “es atento, sonreído, dispuesto a la terrible embestida —dice Arístides Rojas—, al choque sangriento, cuando llegue el momento de esgrimir la poderosa lanza que lleva en la mano derecha”.

Cuando llegó el momento los patriotas ordenados en grupo de a veinte hombres: apuntaron lanzas, apretaron los ijares de los caballos y se lanzaron sobre los escuadrones de enemigos. Cuando llegaron se metieron por entre las filas realistas, de frente y por los flancos, y, sin darle descanso, la alancearon, la atropellaron y la desbarataron. Al ver esto, el ejército entero de Morillo, aturdido y espantado, retrocede, se desbanda, se refugia en un bosque, el cual favorecen su retirada. Cuando llegó la noche cesó la matanza, los patriotas se arrojaron al río y se presentaron victoriosos ante Bolívar.  

¡Qué increíble batalla en la que participó Negro Primero!, las cifras lo demuestran, los realistas dejaron tendidos en el campo cerca de quinientos hombres; de los ciento cincuenta patriotas, salieron heridos del combate, entre otros, el teniente coronel Manuel Arraiz, y los capitanes Francisco Antonio Salazar y Juan Santiago Torres; “muertos solamente dos —dice Páez—, Isidoro Mujica y el cabo primero Manuel Martínez; pero la anchura de sus heridas y el tenerlas en la espalda nos demostraban que habían sido abiertas por lanzas de los nuestros, que en la confusión y oscuridad habían tomado por enemigos á aquellos compañeros suyos”.

El día después de esta gloriosa batalla, en Cuartel General en los Potreritos Marrereños, Bolívar les confirió a los 150 héroes de esa increíble batalla,  la Orden de los Libertadores de Venezuela con esta hermosa proclama:

“¡Soldados! acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta hombres, mejor diré, ciento cincuenta héroes, guiados por el impertérrito general Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo. Artillería, infantería, caballería, nada ha bastado al enemigo para defenderse de los 150 compañeros del intrepidísimo Páez. Las columnas de caballería han sucumbido al golpe de nuestras lanzas; la infantería ha buscado un asilo en el bosque; los fuegos de sus cañones han cesado delante de los pechos de nuestros caballos. Sólo las tinieblas habrían preservado a ese ejército de viles tiranos de una completa y absoluta destrucción.

“¡Soldados! lo que se ha hecho no es más que un preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate y contad con la victoria, que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas”.

El 4 de abril se expresaba de esta manera en una carta al a su amigo Guillermo White: 

“Antes de ayer, el general Páez ha logrado un golpe admirable sobre Morillo, y que pudo haber sido completamente decisivo, si la noche no lo hubiera ocultado a nuestras lanzas. No pensábamos más que darle a conocer  la superioridad de nuestra caballería; y así, no aprovechamos el brillante resultado que tuvimos, porque no habíamos preparado el lance para ello. Arrollamos todo el ejército cuando sólo pensábamos batir parte de su caballería. Ciento cincuenta valientes, mandados por el general Páez, no podrían solos destruir todo un ejército, estando nuestras tropas con el Arauca por medio”.

Entre los soldados que acompañaron a Páez en esta famosa batalla, Negro Primero lleva el numero 34, mas entre los 24 teniente del grupo, tiene el número 1°. Negro Primero  “es, por tanto, el primero de los tenientes —escribe Aristides Rojas—, que figuraron entre los ciento cincuenta héroes de las Queseras, el 2 de abril de 1819”.

199 AÑOS DE LA BATALLA DE LAS QUESERAS DEL MEDIO.


Tal día como hoy Páez, con el payareño Negro Primero y ciento cuarenta y nueve lanceros pasa el río Arauca, los forma en tres columnas de cincuenta cada una, y se va contra el enemigo. Pablo Morillo a su vez mueve contra él todas sus fuerzas. ¡Seis mil hombres contra ciento cincuenta!

Páez, Negro Primero y los 149 se lanzaron a pelear con los realistas, unas veces los atacaban y otras apresuraban su fuga, alejando cada vez más a sus perseguidores del grueso del ejército. Cuando Páez vio que toda la caballería realista formaba un solo cuerpo y que en el ardor de la persecución había dejado atrás a los fusileros, grita a sus hombres:

—Vuelvan caras.

Al oír el grito de mando, Negro Primero y sus compañeros obedecieron, detuvieron los caballos para volver caras. El ademán del negro “es atento, sonreído, dispuesto a la terrible embestida —dice Arístides Rojas—, al choque sangriento, cuando llegue el momento de esgrimir la poderosa lanza que lleva en la mano derecha”.

Cuando llegó el momento los patriotas ordenados en grupo de a veinte hombres: apuntaron lanzas, apretaron los ijares de los caballos y se lanzaron sobre los escuadrones de enemigos. Cuando llegaron se metieron por entre las filas realistas, de frente y por los flancos, y, sin darle descanso, la alancearon, la atropellaron y la desbarataron. Al ver esto, el ejército entero de Morillo, aturdido y espantado, retrocede, se desbanda, se refugia en un bosque, el cual favorecen su retirada. Cuando llegó la noche cesó la matanza, los patriotas se arrojaron al río y se presentaron victoriosos ante Bolívar.  

¡Qué increíble batalla en la que participó Negro Primero!, las cifras lo demuestran, los realistas dejaron tendidos en el campo cerca de quinientos hombres; de los ciento cincuenta patriotas, salieron heridos del combate, entre otros, el teniente coronel Manuel Arraiz, y los capitanes Francisco Antonio Salazar y Juan Santiago Torres; “muertos solamente dos —dice Páez—, Isidoro Mujica y el cabo primero Manuel Martínez; pero la anchura de sus heridas y el tenerlas en la espalda nos demostraban que habían sido abiertas por lanzas de los nuestros, que en la confusión y oscuridad habían tomado por enemigos á aquellos compañeros suyos”.

El día después de esta gloriosa batalla, en Cuartel General en los Potreritos Marrereños, Bolívar les confirió a los 150 héroes de esa increíble batalla,  la Orden de los Libertadores de Venezuela con esta hermosa proclama:

“¡Soldados! acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta hombres, mejor diré, ciento cincuenta héroes, guiados por el impertérrito general Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo. Artillería, infantería, caballería, nada ha bastado al enemigo para defenderse de los 150 compañeros del intrepidísimo Páez. Las columnas de caballería han sucumbido al golpe de nuestras lanzas; la infantería ha buscado un asilo en el bosque; los fuegos de sus cañones han cesado delante de los pechos de nuestros caballos. Sólo las tinieblas habrían preservado a ese ejército de viles tiranos de una completa y absoluta destrucción.

“¡Soldados! lo que se ha hecho no es más que un preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate y contad con la victoria, que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas”.

El 4 de abril se expresaba de esta manera en una carta al a su amigo Guillermo White: 

“Antes de ayer, el general Páez ha logrado un golpe admirable sobre Morillo, y que pudo haber sido completamente decisivo, si la noche no lo hubiera ocultado a nuestras lanzas. No pensábamos más que darle a conocer  la superioridad de nuestra caballería; y así, no aprovechamos el brillante resultado que tuvimos, porque no habíamos preparado el lance para ello. Arrollamos todo el ejército cuando sólo pensábamos batir parte de su caballería. Ciento cincuenta valientes, mandados por el general Páez, no podrían solos destruir todo un ejército, estando nuestras tropas con el Arauca por medio”.

Entre los soldados que acompañaron a Páez en esta famosa batalla, Negro Primero lleva el numero 34, mas entre los 24 teniente del grupo, tiene el número 1°. Negro Primero  “es, por tanto, el primero de los tenientes —escribe Aristides Rojas—, que figuraron entre los ciento cincuenta héroes de las Queseras, el 2 de abril de 1819”.

200 AÑOS DE LA TOMA DE LAS FLECHERAS

200 AÑOS DE LA TOMA DE LAS FLECHERAS


Después de pasar cuatro días en San Juan de Payara, impaciente por comenzar la campaña y meditando de que manera pasaría el río de Apure con el ejército, no teniendo embarcaciones en que hacerlo, y estando las del enemigo guardando el único lugar por donde podían pasarlo sin riesgo del cañón de la plaza de San Fernando, el Libertador Simón Bolívar salió el día 5 de febrero por la tarde Bolívar salió con el ejército hacía el río Apure, y al día siguiente, de madrugada, Bolívar llegó al paso del Coplé o Diamante, en el río Apure, este era el único sitio por donde podían pasar sin el riesgo de que los alcanzaran el fuego de los cañones realista ubicados en San Fernando.

El ejército se quedó detenido, no podía pasar el río por falta de embarcaciones, había unas, pero eran de los realistas. Bolívar desde la orilla, no quitaba los ojos de las embarcaciones y con mucha desesperación se paseaba a lo largo de aquella, luego le dijo a Páez que se encontraba a su lado:

Pero, hombre, ¿dónde están las embarcaciones que usted me ofreció?

Señor cuento con una cañonera tres flecheras y varias canoas ¿no le parece que en ellas pueda pasar el ejército?

¡Ya lo creo! ¿Pero? ¿dónde están?

Páez señala las embarcaciones de los realistas y le dice:

Allí. El enemigo las tiene, y yo se las voy a quitar.

¡Imposible! — dijo Bolívar —, ¿y la gente debe perecer?

De mi cuenta corre —, dijo Páez, y se alejó a galope.

A los pocos minutos volvió trayendo consigo a Negro Primero, Francisco Aramendi, Genaro Vásquez, Cornelio Muñoz, Juan Carvajal, Felipe Mauricio Martin, José de la Cruz Paredes, José María Briceño Méndez, Pedro Pérez, Antonio Romero, Juan José Rondón, y treinta y ocho que se pierden en el anonimato de la historia, todos ellos escogidos de la guardia de su caballearía, por su ya experimentado valor y fuerza.
Páez llevó a los cincuenta escogidos a la orilla del río y les dijo estas breves palabras:

Debemos apoderarnos de esas flecheras o morir. Sigan a su tío los que quieran.

Páez se despoja de parte de su ropa; concluida esta operación, desensilla su caballo, Negro Primero y sus cuarenta y nueve compañeros lo imitan. Y se arrojan al río, nadan en silencio hacia las embarcaciones con un brazo mientras que con la otra mano acariciaban los cuellos de los caballos, animándolos a nadar contra la corriente y daban voces para ahuyentar la multitud de caimanes que había en el río. Llegaron así a los botes, y montando los caballos se lanzaron en sus lomos a bordo de aquellos, alancearon, destrozaron, arrojaron a río a cuanto realista se les ponía delante. Así, fue como los bravos llaneros se apoderaron de las embarcaciones…

Momento después, regresaron con las embarcaciones, “Páez, jadeante, choreando agua y sangre, sus caballos, en alto la terrible lanza”, le dijo a Bolívar:

Y bien señor, ¿no es cierto que podrá pasar la tropa en estos barquitos que ya son nuestros?

Bolívar asombrado, dijo:

¡Si yo no hubiera presenciado este hecho, nadie habría podido hacérselo creer!

El ejército libertador pasó rápidamente el río Apure por el Paso del Diamante en las embarcaciones que habían sido de los españoles. Bolívar sin perder tiempo se puso en marcha sobre Calabozo, no por el camino real, sino por otro camino a fin de evitar el ser visto por alguna patrulla realista, que fuera a dar aviso de su marcha a Morillo. Lograron hacer la marcha sin ser descubiertos, y atravesaron el Guárico por el hato de Altagracia: cruzaron el rio Orituco por el paso de los Tres Moriches y pasaron la noche a tres leguas de Calabozo. Por su parte Páez, Negro Primero y una partida de caballería, se adelantaron a la orilla de la ciudad, en donde se apoderaron del ganado que tenía una guarnición realista para racionar sus tropas, y dejándolo a sus espaldas, se quedaron allí.


Cuando se le participó a Morillo —escribe Páez— que la partida de caballería que se había llevado el ganado permanecía a orillas de la ciudad, lo que hacía creer que un ejército enemigo venia hacia ella, saltó de la cama exclamando: ¿Qué ejército puede venir aquí? Solo que lo haya hecho por el aire”.

200 AÑOS DE LA PRIMERA VISITA DE BOLÍVAR A SAN JUAN DE PAYARA.

200 AÑOS DE LA PRIMERA VISITA DE BOLÍVAR A SAN JUAN DE PAYARA.


Hoy se cumplen 200 años de la primera visita del Libertador Simón Bolívar a San Juan de Payara, tierra fundada en 1790, por fray Alonso de Castro, con el nombre de La Purísima Concepción de Payara y tierra que un día de verano o invierno de 1790, vio nacer a Pedro Camejo, conocido por sus compañeros con el sobrenombre de Negro Primero. 

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BOLÍVAR EN SAN JUAN PAYARA POR PRIMERA VEZ

Ya para finalizar el año 1817, desde Angostura, Simón Bolívar comisiona a Manuel Manrique y al coronel Vicente Parejo, para que gestionen ante Páez el reconocimiento de su autoridad; esta gestión resultó exitosa ya que culminó con el sometimiento del caudillo a la suprema autoridad del Libertador. Páez en su autobiografía narra este suceso de la siguiente manera: “Cuando disponía de todos los recursos antedichos, teniendo a mis órdenes aquel ejército de hombres invencibles que me obedecían gustosos y me querían como a un padre, y cuando me hallaba investido de una autoridad omnímoda, Bolívar a quien yo no conocía aun personalmente, me envió desde Guayana a los coroneles Manuel Manrique y Vicente Parejo á proponerme que le reconociese como jefe supremo de la república.


“Si yo hubiese abrigado miras ambiciosas, no podía presentárseme ocasión más oportuna de manifestarlo; pero sin vacilar un momento recibí respetuosamente á los comisionados en el hato del Yagual, y declaré al ejército mi resolución de reconocer á Bolívar como jefe supremo de la república”.

Más adelante agrega: “Formé las tropas que tenía en el Yagual, hice venir al padre Ramón Ignacio Méndez, arzobispo después de Caracas, para que a presencia de aquellos me recibiese juramento de reconocer como jefe supremo al general Bolívar, y mandé después que las tropas siguieran mi ejemplo, ordenando hiciesen lo mismo los cuerpos que se hallaban en otros puntos”.

Cuando Bolívar se enteró de lo sucedido, le informó a Páez su intención de marchar a sus campamentos para abrir campaña desde el sector del Apure, y el 31 de diciembre de 1817, Bolívar zarpó desde Angostura rumbo al Apure a reunirse con Páez en San Juan de Payara, donde el caudillo lo estaba esperando. Después de un largo viaje, el 30 de enero, El Libertador llegó al Hato cañafistola en donde se reunió con Páez. El mismo Páez nos cuenta este suceso en su autobiografía de la siguiente forma: “Sabiendo que ya Bolívar se hallaba en el hato de Cañafístola, como a cuatro leguas de Payara, me adelanté a su encuentro, acompañado de los principales jefes de mi ejército. Apenas me vio a lo lejos, montó inmediatamente a caballo para salir a recibirme, y al encontrarnos echamos pié á tierra, y con muestras del mayor contento nos dimos un estrecho abrazo. Manifestéle yo que tenia por felicísimo presagio para la causa de la patria el verle en los llanos, y esperaba que su privilegiada inteligencia, encontrando nuevos medios y utilizando los recursos que poníamos á su disposición, lanzaría rayos de destrucción contra el enemigo que estábamos tratando de vencer. Con la generosidad que le caracterizaba, me contestó en frases lisonjeras, ponderando mi constancia en resistir los peligros y necesidades de todo género con que había tenido que luchar en defensa de la patria, y asegurando que con nuestros mutuos esfuerzos acabaríamos de destruir al enemigo que la oprimía”.

Al día siguiente El Libertador, entró triunfante a San Juan de Payara, en medio del entusiasmo popular y bajo un arco de lanzas, que a su paso por la calle principal de la población formaron los escuadrones de jinetes llaneros.

A la llegada de Bolívar al campamento unos soldados apureños le hablaron de Pedro Camejo, El Negro Primero, con gran entusiasmo, refiriéndole el empeño que tenía en que no supiera que él había estado al servicio del rey.

Este día conocieron El Libertador que era débil de complexión, y acostumbrado desde sus primeros años a la vida de las ciudades, y El Negro Primero que era un robusto atleta que no había conocido jamás otro linaje de vida que la lucha con los elementos y las fieras.

Bolívar al ver al negro se le acercó con mucho afecto, y después de felicitarlo por su valor, le dijo con voz aguda y penetrante:

—¿Pero qué le movió a usted a servir en las filas de nuestros enemigos?

Miró el negro a sus compañeros como si quisiera enrostrarles la indiscreción que habían cometido, y dijo después:

—Señor, la codicia.

—¿Cómo así? — preguntó Bolívar.

—Yo había notado —dijo el negro —, que todo el mundo iba a la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía después vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también a buscar fortuna y más que nada a conseguir tres aperos de plata, uno para el negro Mindola, otro para Juan Rafael y otro para mí. La primera batalla que tuvimos con los patriotas fue la de Araure: ellos tenían más de mil hombres, como yo se lo decía a mi compadre José Félix: nosotros teníamos mucha más gente y yo gritaba que me diesen cualquier arma con que pelear, porque yo estaba seguro de que nosotros íbamos a vencer. Cuando creí que se había acabado la pelea, me apeé de mi caballo y fui a quitarle una casaca muy bonita a un blanco que estaba tendido y muerto en el suelo. En ese momento vino el comandante gritando "A caballo." ¿Cómo es eso, dije yo, pues no se acabó esta guerra? Acabarse, nada de eso; venia tanta gente que parecía una zamurada.

—¿Qué decía usted entonces? — dijo Bolívar.

—Deseaba que fuéramos a tomar paces. No hubo más remedio que huir, y yo echó a correr en mi mula, pero el maldito animal se me cansó y tuve que coger monte a pié. El día siguiente yo y José Félix fuimos a un hato a ver si nos daban qué comer; pero su dueño cuando supo que yo era de las tropas de Ñaña me miró con tan malos ojos, que me pareció mejor huir e irme al Apure.

—Dicen — le interrumpió Bolívar —, que allí mataba usted las vacas que no le pertenecían.

—Por supuesto — replicó —, y si no ¿qué comía? En fin vino El Mayordomo al Apure, y nos enseñó lo que era la patria y que la didblocracia no era ninguna cosa mala, y desde entonces yo estoy sirviendo a los patriotas.

Páez y Bolívar lo hacían hablar de ese modo durante las marchas, pues tenía una manera original y pintoresca de decir las cosas.

En esta visita Bolívar a San Juan de Payara, estuvo cuatro días, impaciente por comenzar la campaña. El Libertador, meditaba de qué manera pasaría el río de Apure con el ejército, no teniendo embarcaciones en que hacerlo, y estando las del enemigo guardando el único lugar por donde podían pasarlo sin riesgo del cañón de la plaza. En gran incertidumbre se hallaba, por no encontrar el medio de allanar aquel obstáculo, mientras Páez le animaba a que se pusiera en marcha, asegurándole que le daría las embarcaciones necesarias.

—Pero, hombre, ¿dónde las tiene usted? —Pregunta Bolívar

—Las que hay en el paso del rio para oponérsenos. — le contesta Páez

—¿Y de qué manera podemos apoderarnos de ellas?

—Con caballería.

—¿Dónde está esa caballería de agua?, porque con la de tierra no se puede hacer tal milagro.

El 5 de febrero, Bolívar salió con el ejército hacía el río Apure, no con la esperanza de que la operación prometida se realizara, sino para ver qué partido tomaría. El día siguiente Bolívar, cruzó el río Apure y se dirigió a Calabozo. Gracias a las embarcaciones realistas, que tomaron en la acción de las Flecheras, Páez, Francisco Aramendi, Genaro Vásquez, Cornelio Muñoz, El Negro Primero, Juan Carvajal, Felipe Mauricio Martin, José de la Cruz Paredes, José María Briceño Méndez, Pedro Pérez, Antonio Romero, Juan José Rondón, y treinta y ocho que se pierden en el anonimato de la historia.

Sobre esta visita de Bolívar: Páez escribe en su libro Máximas de Napoleón sobre el arte de la guerra, lo siguiente:

“A principios del año 1818, se reunió Bolívar con el ejército de Apure en San Juan de Payara. Tres o cuatro días estuvo meditando allí, de qué manera pasaríamos el río de Apure con el ejército, no teniendo embarcaciones en que hacerlo, y estando los buques del enemigo guardando el único lugar por donde podíamos pasarlo, fuera de los tiros de cañón de la plaza. En gran incertidumbre estaba Bolívar porque no encontraba el medio de allanar aquel obstáculo. Y le animábamos a que se pusiera en marcha sobre el río asegurándole que le daríamos las embarcaciones necesarias. El preguntaba ¿dónde las tienen? Le contestamos que las que había en el paso para oponérsenos. ¿Y de qué manera podemos apoderarnos de ellas? “Con caballería”. ¿“Dónde está esa caballería de agua? nos preguntó él, porque con la de tierra no se pude hacer tal milagro”. Al fin resolvió marchar y acercarse al río, no con la esperanza de que la operación prometida se efectuase, sino para ver qué partido tomaría. Una milla antes de llegar al río se le suplicó que hiciera alto con el ejército, para sacar de él la gente con que íbamos a tomar las lanchas enemigas y aún le parecía que todo aquello era un sueño; sin embargo, accedió a nuestros deseos. Sólo cincuenta hombres se tomaron de la guardia de caballería, y con ellos llegamos a la orilla del río, con las cinchas sueltas y las guruperas quitadas, para soltar las sillas al suelo sin apearse del caballo. Así se efectuó, cayendo todos a la vez al agua, y fue tal el pasmo que le causó al enemigo aquella operación inesperada, que no hizo más que algunos disparos de cañón y en seguida se arrojó al agua la mayor parte de su gente. La misma partida de caballería corrió a ponerse al frente de la plaza para impedir que se diera parte al general Morillo que se hallaba en Calabozo. Catorce embarcaciones apresamos entre armadas y desarmadas. Asombrado Bolívar dijo, que ‘si él no hubiera presenciado aquel hecho, nadie habría podido hacérselo creer’”.

238 AÑOS DE LA VISITA DE OBISPO MARIANO MARTÍ A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE PAYARA

238 AÑOS DE LA VISITA DE OBISPO MARIANO MARTÍ A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE PAYARA


SAN JUAN DE PAYARA

San Juan de Payara es la capital del Municipio Pedro Camejo y se encuentra ubicado al sur de San Fernando, cuenta con una superficie de 512 km², que limita: Por Norte: El Municipio Biruaca, por Sur: con la parroquia Cunaviche, por Este:con el municipio San Fernando y al Oeste: Con el municipio Achaguas. Este pueblo es conocido como “la tierra del Negro Primero”, en honor a Pedro Camejo, uno de nuestros héroes de la Independencia, quien nació en este llano apureño en 1790, y murió en Campo Carabobo, 24 de junio de 1821.


SOBRE LA FUNDACIÓN

A inicios del año de 1769, por fray Alonso de Castro con 547 indígenas otomacos, guaranaos, yaruros y taparitas, en la orilla del río Payara (Paso Real), fundó La Misión la Purísima concepción de Payara, con tan mala suerte que el río creció hasta el médano donde se levantaba el pueblo y destruyó la misión y a la iglesia, después de los trabajos que costó traer la madera para su fábrica desde lejos, acompañado el sacerdote de los pobladores. En el templo subió el agua una vara cuando ya estaban construidas las paredes y el techo listo hasta la mitad. Pero no se arredraron. Los indígenas querían asentarse y cuando las aguas bajaron volvieron con su sacerdote al mismo sitio y este aceptó a regañadientes la imposición de los naturales “porque ellos a estas incomodidades y a otras muchas, casi opuestas a la racionalidad, se acomodan muy bien y el pobre misionero precisado a pasar por todas con el santo fin de civilizarlos y del que no se pierda la mayor parte de sus almas”. (Carrocera I) Pero en 1771 volvió a crecer el Payara y nuevamente se disolvió el pueblo que debió reinstalarse más retirado del río, en su actual emplazamiento.


MARIANO MARTÍ EN SU VISITA PASTORAL AL PUEBLO

En este pueblo de Payara Mariano Martí Obispo de la Diócesis de Caracas en 1780, realizó su visita pastoral, llegando proveniente de Achaguas el 31 de enero de 1780.

He Aquí lo que narra en la Relación y testimonio integro de la visita pastoral de Mariano Martí al Pueblo de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora en el Sitio de San Juan de Payara:

“El dia veinte y nueve de Enero de mil setecientos y ochenta, salió Su Señoría Illma del antecedente pueblo de Achaguas, y habiendo andado veinte leguas, llegó a este de Payara el dia treinta y uno del mismo mes, y al siguiente primero de Febrero procedió a la Visita de su Iglesia con las Ceremonias acostumbradas; vio y reconoció la Fabrica, Fuente Bautismal, Altares, Imágenes, Vasos Sagrados, Ornamentos, y demás bienes, y de todo se formó Inventario que Original está extendido al folio 175 vuelto, y siguiente del Libro 4 de Inventarios.

“Este Pueblo es de Misión viva, a reducción de Indios, y los que lo habitan son de Naciones Otomacos, Yaruros, Guaranaos y Taparitas; los demás de ellos son Gentiles; andan desnudos así los hombres, como las mujeres, con solo un Guayuco, y viven en pequeños Bugios, o Cobertizos de Palma: Hay también algunos Vecinos Españoles, y de otras Castas, de los cuales unos habitan en los Campos, donde tienen sus Labranzas, y principalmente Hatos de Ganado Vacuno, de Mulas, y de Caballos: Se comenzó a fundar dicho Pueblo el año del mil setecientos sesenta y nueve por los Religiosos Capuchinos Andaluces Misioneros de esta Provincia; Corre a cargo de ellos de ellos, y pertenece al Vicariato de la Villa de Calabozo: Su Territorio consiste en diez Leguas de Oriente a Poniente, y otro tanto de Norte a Sur; de cuyo Terreno, que es casi todo llano, se inundan algunas partes en tiempo de Invierno: Al Oriente confronta con el Pueblo de San Rafael de Atamaica, distante seis Leguas: al Poniente con el supradicho Pueblo de Achaguas, distante veinte Leguas; al Norte con la Villa de San Jaime, distante catorce Leguas; y al Sur con el Pueblo de Cunaviche, distante de diez Leguas.

“La Iglesia de este Pueblo está dedicada a la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora: su fabrica es de un Cañón de paredes de Bahareque doble, y Techo de Palma de mediana Capacidad; tiene un Pórtico, y Sacristía de semejantes materiales, y un Cementerio cercado con Paredes de Bahareque: Sus Altares son dos, a saber, el mayor en que está colocado el Santísimo Sacramento a devoción del Misionero; y otro al lado de la Epístola, dedicado a Nuestra Señora del Carmen: La fuente Bautismal está en un Angulo cercado con Baranda de madera.

“Solo hay un Ministro que es el Religioso Capuchino Misionero de este Pueblo, el cual tiene de renta cada año ciento y cincuenta pesos que se le contribuyen de las Cajas Reales; y asimismo las Primicias, Obvenciones de Misas cantadas de devoción, y de Bautismo, Casamientos, y Entierros, de los Vecinos Españoles, que producirán anualmente sesenta y cinco pesos, todo lo cual compone docientos quince pesos.
“La fabrica de la referida Iglesia no tiene otra renta que los derechos de sepulturas, y velaciones que pagan dichos Vecinos Españoles, y podrán alcanzar cada año a diez pesos: En ella no hay fundada Cofradía alguna.

“En la supradicha Iglesia celebró Confirmaciones Su Señoría Illma, y confirmó cuatrocientas y tres personas.

“Se visitó el único Libro donde se han escrito las partidas de Bautismos, Casamientos, y Entierros, y habiéndose visto, y reconocido todas las que contiene, se puso el Decreto de Visita con fecha de dos de febrero de mil setecientos, y ochenta, en que se hicieron varias prevenciones conducentes a la corrección de los defectos que se hallaron; y se mandó al Misionero, que para la mayor formalidad, y claridad de la partidas, y distinción de Libros, se arreglase a lo dispuesto en el Edicto expedido por Su Señoría Illma en treinta de Septiembre de mil setecientos setenta y ocho, que entre otras providencias circulares queda ya anotado al fin de la Visita de esta Ciudad de Caracas: También se mandó a dicho Misionero, que escribiese en sus respectivos Libros las partidas de algunos Bautismos, Casamientos, que se hallaban apuntados en papeles Sueltos: Que custodiase fielmente dichos Libros, y que no los entregase a persona alguna sin licencia del Ordinario Diocesano, conforme a lo prevenido en la Sinodal de este Obispado: Que formase Libro de estado, y gobierno de dicha Iglesia, donde se copiasen los Despachos, y providencias que al proprio fin se expidieren: Y que hecha averiguación de los Cadáveres sepultados fuera de Lugar Sagrado en los sitios de Belén, Merecure, y Candelaria, se cumpliese con puntualidad lo dispuesto en la Constitución 92 Titulo 11 Libro 4 de dicha Sinodal, sobre la Exhumación de los tales Cadáveres; y que siendo omisos sus herederos en la ejecución, se diese aviso al Vicario del partido, para que los compela por todo rigor de derecho. Hallase copiado este Decreto al folio 60 vuelto, y siguiente del Libro 2 copiador.
“Para el buen gobierno, y educación de los Indios de este Pueblo se expidió con fecha del citado dia dos de Febrero igual providencia que la expedida a este proprio fin en el antecedente Pueblo de Achaguas. Donde queda ya anotada.

“Informando Su Señoría Illma de que todo el Territorio perteneciente a esta Diócesis entre los Ríos Apure, y Meta, habitaban cerca de Calabozo, y de otros Lugares de este Obispado, de que están muy distantes; y que las tales personas trabajan, y no asistían a Misa en los días de preceptos; proveyó auto en el citado dos de Febrero de mil setecientos y ochenta, disponiendo que dichas personas, sin perjuicio del Derecho Parroquial, viniesen a oír Misa a este Pueblo de Payara, o a los otros tres que están fundado en estas partes, y son, el supradicho de los Achaguas, y los de Atamaica, y Cunaviche, según les estuviesen mas próximos, en las circunstancias prevenidas en la Constituciones 214 y siguientes del Titulo 18 Libro 4 de la Sinodal de este Obispado: apercibiendoseles, que en el caso de Omisión se procediera, y se mandó a los Misioneros de los referidos Pueblos publicasen este Decreto. Hallase copiado al folio 62 del Libro 2 Copiador.

“En visita de los representado por algunas de la personas que se hace mención en el auto antecedente, y considerando que aunque es necesaria la erección de Parroquias en el Territorio perteneciente a esta Diócesis desde el Rio Apure hasta el Meta, que comprende más de ochenta Hatos de ganado vacuno, y cerca de dos mil personas Españolas, era igualmente preciso explorar los parajes mas apropósito, y establecer Congrua para los Ministros de las tales Parroquias; se mandó a los suplicantes que para el establecimiento de una en el sitio de Biruaca a asegurasen cincuenta mil maravediz para las Congrua del Cura, y veinte y cinco pesos para la Oblata, que habían de satisfacerse anualmente, mientras el Cura no tuviese congrua en los Diezmos, y la Iglesia renta para dichos gastos de Oblata: Y se dio comisión a un Religioso Capuchino para que con asistencia del Juez Real de este Partido, examinase el Paraje más apropósito, y su distancia de los Pueblos de Misiones que están fundados, de suerte que no hubiesen perjuicio de ellos, ni de tercera persona, y mucho menos de la Villa de San Carlos del Meta, que había de establecerse en virtud de Real Cédula de Su Majestad, que Dios guarde; y el fecho el expresado reconocimiento, y demás prevenido, se acudiese a Su Señoría Illma proceder a las ulteriores providencias con acuerdo del Señor Gobernador, y Capitán del General Vice Patrono Regio de esta Provincia: Según todo consta del auto provehido en dos de febrero de mil setecientos y ochenta, que está copiado al folio 63 del Libro 2 Copiador: Y por que hasta ahora no se ha cumplido, no se ha dado otra providencia en el asunto.

“Visitó Su Señoría Illma los Indios e Indias de Doctrina estando congregados estos en la supradicha Iglesia, y reconoció su instrucción en la Doctrina Cristiana, y el modo, y horas en que se les enseña; sobre que dio la providencia que antecedentemente queda anotada: Y los muchachos, y muchachas de la dicha Doctrina alcanzarán al numero de docientos. 

“El dia tres de febrero de mil setecientos y ochenta salio Su Señoria Illma del antecedente Pueblo de Payára”.

196 AÑO DE LA SALIDA DEL EJÉRCITO APUREÑO RUMBO A CARABOBO

196 AÑO DE LA SALIDA DEL EJÉRCITO APUREÑO RUMBO A CARABOBO



Un día como hoy del año 1821, salieron de Achaguas, 2500 llaneros del ejército de Apure, guiados por Páez, llevaban 2000 caballos de reserva y 4000 novillos para el abastecimiento del ejército libertador.
Cruzaron el Apure por el paso Enriquero.

Fueron muchas las molestias y trabajos que pasaron, durante la marcha, por la conducción de tan crecido número de animales. “Todas las noches los caballos se escapaban en tropel, sin que bastaran los hombres que los custodiaban para detenerlos en la fuga. Por fortuna, como habían estado siempre reunidos por manadas en los potreros, corrían juntos y era fácil seguirlos por las huellas que dejaban en la tierra, muy blanda entonces, pues para mayor aprieto estebamos en la estación de las lluvias. Estas deserciones se repetían todas las noches á las ocho, pues por el instinto maravilloso de esos animales, una vez que han en. centrado la posibilidad de escapar á sus dehesas, redoblan siempre sus conatos á la misma hora del día siguiente.

Al fin mis llaneros los cogían, y al otro dia me alcanzaban con ellos en la marcha, que yo aceleraba todo lo posible para reunirme cuanto antes con Bolívar”.


El día 7 de junio se reunieron con el Libertador Simón Bolívar en San Carlos de Cojedes de donde parten para Carabobo en donde el 24 de junio se realizará la batalla de Carabobo llamada “la cisiva” por el héroe payarareño Negro Primero, quien según Hugo Chávez el la marcha de Páez de Apure a San Carlos “marchaba –cantando siempre-”. 

198 AÑOS DE LA BATALLA DE LAS QUESERAS DEL MEDIO.


Vuelvan caras, Arturo Michelena, 1890

Tal día como hoy Páez,con el payareño Negro Primero y ciento cuarenta y nueve lanceros pasa el río Arauca, los forma en tres columnas de cincuenta cada una, y se va contra el enemigo. Pablo Morillo a su vez mueve contra él todas sus fuerzas. ¡Seis mil hombres contra ciento cincuenta!

Páez, Negro Primero y los 149 se lanzaron a pelear con los realistas, unas veces los atacaban y otras apresuraban su fuga, alejando cada vez más a sus perseguidores del grueso del ejército. Cuando Páez vio que toda la caballería realista formaba un solo cuerpo y que en el ardor de la persecución había dejado atrás a los fusileros, grita a sus hombres:

Vuelvan caras.

Al oír el grito de mando, Negro Primero y sus compañeros obedecieron, detuvieron los caballos para volver caras. El ademán del negroes atento, sonreído, dispuesto a la terrible embestidadice Arístides Rojas, al choque sangriento, cuando llegue el momento de esgrimir la poderosa lanza que lleva en la mano derecha.

Cuando llegó el momento los patriotas ordenados en grupo de a veinte hombres: apuntaron lanzas, apretaron los ijares de los caballos y se lanzaron sobre los escuadrones de enemigos. Cuando llegaron se metieron por entre las filas realistas, de frente y por los flancos, y, sin darle descanso, la alancearon, la atropellaron y la desbarataron. Al ver esto, el ejército entero de Morillo, aturdido y espantado, retrocede, se desbanda, se refugia en un bosque, el cual favorecen su retirada. Cuando llegó la noche cesó la matanza, los patriotas se arrojaron al río y se presentaron victoriosos ante Bolívar.

¡Qué increíble batalla en la que participó Negro Primero!, las cifras lo demuestran, los realistas dejaron tendidos en el campo cerca de quinientos hombres; de los ciento cincuenta patriotas, salieron heridos del combate, entre otros, el teniente coronel Manuel Arraiz, y los capitanes Francisco Antonio Salazar y Juan Santiago Torres;muertos solamente dosdice Páez, Isidoro Mujica y el cabo primero Manuel Martínez; pero la anchura de sus heridas y el tenerlas en la espalda nos demostraban que habían sido abiertas por lanzas de los nuestros, que en la confusión y oscuridad habían tomado por enemigos á aquellos compañeros suyos.

El día después de esta gloriosa batalla, en Cuartel General en los Potreritos Marrereños, Bolívar les confirió a los 150 héroes de esa increíble batalla, la Orden de los Libertadores de Venezuela con esta hermosa proclama:

¡Soldados! acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta hombres, mejor diré, ciento cincuenta héroes, guiados por el impertérrito general Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo. Artillería, infantería, caballería, nada ha bastado al enemigo para defenderse de los 150 compañeros del intrepidísimo Páez. Las columnas de caballería han sucumbido al golpe de nuestras lanzas; la infantería ha buscado un asilo en el bosque; los fuegos de sus cañones han cesado delante de los pechos de nuestros caballos. Sólo las tinieblas habrían preservado a ese ejército de viles tiranos de una completa y absoluta destrucción.

¡Soldados! lo que se ha hecho no es más que un preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate y contad con la victoria, que lleváis en las puntas de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas.

El 4 de abril se expresaba de esta manera en una carta al a su amigo Guillermo White:

Antes de ayer, el general Páez ha logrado un golpe admirable sobre Morillo, y que pudo haber sido completamente decisivo, si la noche no lo hubiera ocultado a nuestras lanzas. No pensábamos más que darle a conocer la superioridad de nuestra caballería; y así, no aprovechamos el brillante resultado que tuvimos, porque no habíamos preparado el lance para ello. Arrollamos todo el ejército cuando sólo pensábamos batir parte de su caballería. Ciento cincuenta valientes, mandados por el general Páez, no podrían solos destruir todo un ejército, estando nuestras tropas con el Arauca por medio.

Entre los soldados que acompañaron a Páez en esta famosa batalla, Negro Primero lleva el numero 34, mas entre los 24 teniente del grupo, tiene el número 1°. Negro Primero “es, por tanto, el primero de los tenientes —escribe Aristides Rojas—, que figuraron entre los ciento cincuenta héroes de las Queseras, el 2 de abril de 1819”.